Aires de apertura
El Casino de Alicante lanza una campaña para captar nuevos socios e implicarse en la vida social de la ciudad
J.A. GIMÉNEZ
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Otro trozo de carne, este todavía vivo, de la historia de la ciudad es el Casino de Alicante, considerado «la sociedad civil más antigua» que pervive en ella y una de las que mayor solera tiene de toda la provincia. Sin embargo, esta institución ha atravesado en los últmos tiempos malos momentos, fundamentalmente financieros, que incluso llegaron a ponerla al borde de la desaparición. La situación se alivió bajo el mandato de Juan Carlos Vázquez Picó, a quien el pasado diciembre sustituyó en la presidencia Manuel Rodríguez-Murcia tras imponerse en la votación al otro candidato, Juan Carlos Tur Ayela.
Ahora su objetivo es reflotar por completo y poner a todo vapor una nave que posee un gran potencial, pero que está desaprovechada por la mayoría de sus tripulantes. Así lo manifestó a este diario el nuevo presidente, Manuel Rodríguez-Murcia, abogado de profesión y de 56 años, que explicó que «cuando te haces mayor te das cuenta de que tiene mucho sentido conservar las cosas tradicionales, aquellas que se han construido poco a poco».
Un punto de inflexión en la historia reciente del Casino de Alicante, fundado en 1839, fue la decisión de vender los pisos superiores y parte de los bajos del edificio que ocupa en el número 16 de la Explanada. «El Casino se autofinancia con las cuotas mensuales de los socios y eso condiciona mucho todo», comentó el presidente. Hojeando álbumes de fotos antiguas, subraya que «casi todos los actos de Alicante se celebraban antes aquí», matizando que «ahora hay muchos que por espacio resultaría imposible».
Nacido en principio como «Liceo Artístico y Literario», pasó luego a ser «Asociación de Amigos» hasta llegar a la actual denominación de Casino de Alicante. Un nombre que, según admite Rodríguez-Murcia, puede llevar a engaño si la gente lo confunde con los casinos de apuestas. «Es un club social, de recreo, una sociedad de tertulia, un lugar de encuentro donde reunirse
gente con las mismas inquietudes», detalla el presidente, quien con fotocopias en mano de las definiciones de «casino» de distintos diccionarios, asegura que «la evolución misma de la sociedad lleva a que estas descripciones no sean las más correctas». En una de ellas se especifica que antaño los casinos figuraban entre las Corporaciones que en conjunto tenían representación en los Ayuntamientos, lo que da probada cuenta de «su importancia de entonces», apostilló el máximo responsable del Casino de Alicante.
Cuando Manuel Rodríguez-Murcia tomó las riendas de la entidad había registrados 586 socios y, en apenas dos meses, la cifra ha aumentado hasta 650. Sus esfuerzos se centran ahora en elaborar medidas para lograr el ingreso de nuevos miembros. Y él tiene claro que «si quieres captar socios organizando actos culturales de alto nivel te equivocas». Este letrado, que ejerció el puesto de secretario durante la presidencia de su amigo Vázquez Picó, pintó con breves pinceladas el cuadro cultural actual de Alicante: «En los últimos 15 años han surgido muchísimas entidades culturales en la ciudad, muchas de ellas con presupuestos ilimitados, y nosotros no podemos competir con eso».
Su apuesta se enfocará, por tanto, en “las cosas más alicantinas, lo que está más a pie de realidad de la ciudad», formuló el abogado.
«No hay que pedir genios, porque no es mi función traer al Casino a gente que cobra un millón», ejemplificó, convencido de que «debemos contribuir a que se celebren actos culturales y sociales que los disfruten los socios y los alicantinos». Actividades, en suma, susceptibles de atraer nuevos socios, satisfacer las demandas de los asiduos y dar alicientes a los que no lo visitan. De ahí que el presidente reconozca que «prefiero hacer un campeonato de dominó con la gente de aquí que organizar uno de España». Se trata de «fijar tu área de influencia, aunque eso te dé menos prestigio», comentó, antes de traducir una cita latina que traza bien su intención: «Primero vivir y después filosofar».
Uno de los retos que se ha marcado Manuel Rodríguez-Murcia es «rebajar la edad media de los socios». Admite que los habituales del Casino son gente mayor, lo que puede frenar el deseo de entrar de los más jóvenes, y lamenta «la pérdida de la tradición de que fueran socios padres, hijos y nietos». No tiene reparos en ser crítico con los hijos de los socios que dan la espalda «a la que es la casa de sus padres». Quiso, igualmente, derribar el mito de que pertenecer al Casino es exclusivo de las clases acomodadas, puesto que ha iniciado una campaña para el acceso como socio numerario sin cuota de entrada. Además, la cantidad mensual a aportar, 26,5 euros, «resulta hoy en día asequible para casi todos», dijo.
Entre las medidas que ha puesto en práctica destaca también la figura del «socio-empresa», con la que pretende dar al Casino «un toque de utilidad social», configurándolo como «un círculo profesional y empresarial». Antes de que finalice febrero espera la adhesión a esta propuesta de diez firmas de la ciudad. Atraer al mundo de la empresa al Casino significará, según el nuevo presidente, que por sus instalaciones se mueva otra vez «gente notable, cultural o profesionalmente hablando». «Y eso baja la edad media y hace socios”, aseguró. A este abogado se le llena el cuerpo dé orgullo mostrando las estancias y los socios que ofrecen en la actualidad tres plantas del Casino. «Es que todo esto es un lujo impagable», repetía durante un recorrido que partió de la Sala de juntas. La biblioteca cuyos fondos está catalogando la Generalitat Valenciana , cuenta con un centenar de ejemplares anteriores al año 1801, algunos de ellos primeras ediciones de gran valor y unas 12.000 obras posteriores de distintas materias. No falta toda la prensa diaria local y nacional. La Sa la Ecisa , así «bautizada» por ser esta empresa la que subvencionó su recuperación, era antiguamente el salón de billar -hoy situado en otra dependencia con el artesonado y marquetería del techo original de 1896-, y en la actualidad sirve para acoger exposiciones y conferencias.
El restaurante, que ahora regenta Q-Linaria, con unas estupendas vistas a la Explanada , es otro de los alicientes para los socios, que «pueden beneficiarse de los descuentos», indicó Rodríguez-Murcia. En la primera planta se encuentran amplios salones para tertulias y peñas, además de un salón de cine y televisión
donde se pueden ver partidos de pago por visión. Cafetería, salones para juegos de cartas, dominó, club de bridge, ajedrez y una gran terraza, la única que queda de la vieja Explanada, son otros de los atractivos de esta centenaria entidad civil.
La «joya de la corona» del Casino de Alicante, cuyo presidente de honor es desde 1983 el Rey Don Juan Carlos, es su Salón Imperio, con una elevada techumbre de la que cuelga una lámpara de cristal de roca de varios pisos «única en España». Este espacio, que se complementa con el anexo Salón Rojo, ha sido escenario de recepciones, banquetes y actos destacados de la historia de Alicante.
Otros rasgos inseparables y distintivos son su escalinata de acceso y la célebre y antigua escalera principal que conecta sus tres plantas.
Además, el Casino luce bustos y pinturas de su colección de bienes muebles, un total de 235 obras de artistas como Gastón Castelló, Heliodoro Guillén, Pericás o Bañuls.
A todo esto, agregó Manuel Rodríguez-Murcia, hay que sumar como un activo más «un personal fiel y entregado a la institución». |